El camino de las lágrimas, comienza cuando nos conectamos con lo doloroso; con la pérdida de alguien, (ya sea muerte o alejamiento) o algún objeto; debido a la cultura en la que vivimos, en donde nos han enseñado a sufrir por la muerte de un ser querido, a depender de alguien para realizar ciertas actividades, a tener una “muleta” para seguir adelante y si no la tenemos, no podemos continuar y nos enfrentaremos a caminar por el “oscuro” camino de las lagrimas aunque este alejamiento o perdida de objeto sea para mejorar o crecer, no evita la pena; el dolor que ocasiona: él se fue, él ya no estará, él se perdió.

El apoyo y comprensión de alguien:

  • COMPENSA pero NO EVITA
  • APLACA pero NO CANCELA
  • ANIMA a seguir pero NO ANULA la pena

Y es así como inevitablemente nos sumergimos en el camino de las lágrimas; el cual tiene trazado los mapas, que si los conocemos, ayudaran a llegar “más enteros” al final de camino. Estos mapas son nuestras percepciones, la forma en que vemos al mundo, como le hacemos frente y lo asumimos; sin embargo, estos mapas son nuestros mapas, no son el territorio; y es precisamente como hemos trazado nuestros mapas, como enfrentaremos el dolor de la perdida.

Este camino inicia cuando se produce la perdida y termina cuando se supera ésta. Sin embargo, habrá que pasar por procesos (largos o cortos, de acuerdo a nuestro mapa) para llegar al final de forma satisfactoria.

maxresdefaultEn este camino interviene, obvio y necesariamente, la elaboración del duelo, que es un trabajo para hacer frente a la nueva realidad. Aunque es un trabajo difícil, es un trabajo con el que nos hemos encontrado durante toda nuestra vida, en grandes o pequeñas proporciones. Al crecer, vamos perdiendo un sin número de cosas y personas, desde los amigos y maestros de la infancia, las escuelas, los empleos, etc.; incluso las personas y objetos que aun están con nosotros han cambiado, y por ende, hemos perdido a esa persona, que fue y que ahora conocemos, convivimos y aceptamos a la que es.

Sin embargo en nuestra educación, hemos aprendido que no podemos vivir sin el otro, pero sólo en muy pocas ocasiones, o nunca, nos damos cuenta que no podemos vivir sin nosotros mismos.

Y aunque suena incongruente, toda perdida, otorga una ganancia, que es “un pasaporte para vivir mejor”, un análisis para reestructurar nuestras percepciones erróneas y poder mejorarlas; como el vivir día a día, con el compromiso visto así: día a día; aprender a desarrollar la habilidad de desear sin quedarme pegado a este deseo, en aceptar la conexión y la desconexión con las cosas.

“Elaborar un duelo, es aprender a soltar lo anterior. Sin embargo, si tengo miedo de las cosas que vienen y me agarro de las cosas que hay, si me quedo centrado en las cosas que tengo porque no me animo a vivir lo que sigue, si creo que no voy a soportar el dolor que significa que esto se vaya, si voy a aferrarme a todo lo anterior… Entonces no podré conocer, ni disfrutar, ni vivir lo que sigue.”

Y es precisamente como al aprender a aceptar la perdida y aceptar lo nuevo, lo que nos proporciona un crecimiento personal, lo que nos enseña a madurar, lo que nos abre un panorama para nuevas experiencias…para “vivir”.

Pero en este camino, existen senderos, que nos alejan del final. Uno es un supuesto atajo, otro un desvío que conduce a una vía muerta: la negación.

 El proceso de duelo siempre nos deja solos, impotentes, descentrados y responsables, pero sobre todo tristes. La tristeza es normal y saludable, aunque displacentera, porque significa extrañar lo perdido. Aunque puede generar una crisis, permite luego que uno vuelva a estar completo, que suceda el cambio, que la vida continúe en todo su esplendor.

 Cada tipo de pérdida implica experimentar algún tipo de privación y las reacciones suelen ser en varias áreas: psicológicas, físicas, sociales, emocionales, espirituales.

El duelo es el doloroso proceso normal de elaboración de una pérdida, tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa, frente a una nueva realidad. Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar su importancia y experimentar el sufrimiento y la frustración que comporta su ausencia.

Existen algunas recomendaciones para recorrer el camino de las lágrimas y sobrevivir a este:

  1. Permitiste estar de duelo.
  2. Abre tu corazón al dolor.
  3. Recorrer el camino requiere tiempo.
  4. Sé amable contigo.
  5. No tengas miedo de volverte loco.
  6. Aplaza algunas decisiones importantes.
  7. No descuides tu salud.
  8. Agradece las pequeñas cosas.
  9. Anímate a pedir ayuda.
  10. Procura ser paciente con los demás.
  11. Mucho descanso, algo de disfrute y una pizca de diversión.
  12. Confía en tus recursos para salir adelante.
  13. Acepta lo irreversible de la pérdida.
  14. Elaborar un duelo no es olvidar.
  15. Aprende a vivir de “nuevo”.
  16. Céntrate en la vida y en los vivos.
  17. Define tu postura frente a la muerte.
  18. Vuelve a tu fe.
  19. Busca las puertas abiertas.
  20. Cuando tengas una buena parte del camino ya recorrida, te podrás dar cuenta de que la vida sigue y que tú eres vida.

aceptacion

Dentro del proceso de la elaboración del duelo hacemos frente a distintas etapas, como el enojo con la persona que se fue y la culpa, por enojarnos, por no haber hecho tal cosa o dejar de hacerla, con la desolación, y la tristeza.

 Después de recorrer todo este camino es importante retraernos, darnos cuenta de esta sensación, la sensación de eternidad de la ausencia. Nos damos cuenta de que las cosas no van a volver a ser como eran y no sabemos con certeza pronosticar de qué manera van a ser. Y tomo absoluta conciencia… y siento la sensación de ruina…como si algo hubiera sido arrasado dentro de mí… Así me siento… como si de mi interior sólo hubieran quedado escombros. Este es el momento más duro del camino.

 Las etapas de un duelo normal son:

  1. Negación, confusión
  2. Enojo, desesperación
  3. Culpa ante la pérdida
  4. Aceptación de que así es
  5. Tristeza profunda
  6. Cierre de ciclo, despedida

Aunque este debe ser el proceso normal, existen, como anteriormente se menciono, atajos y otros senderos, que nos obstaculizan la superación de este camino, y es ahí cuando aparecen los duelos más complejos.

 Es importante que la persona que vive un duelo tenga ayuda de personas cercanas, lo difícil es saber cómo ayudarlas; la manera más adecuada es escuchar a la persona, aunque llore, esa persona lo que requiere en esos momentos es la cercanía, la compañía y el afecto. Lo que más precisa el que está en su proceso de duelo, es una oreja para poder hablar, un espacio para sentirse débil y un hombro para llorar.

Pero lo más significativo del acompañamiento es, como su nombre lo indica, la presencia: estar cerca en los, muchas veces difíciles, momentos finales.

La psicoterapia es una herramienta muy importante e imprescindible para la superación de un duelo, en algunas ocasiones.