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DERECHOS ASERTIVOS

La asertividad, parte de la idea de que todo ser humano, tiene ciertos derechos:
1. Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
2. En ocasiones, derecho a ser el primero.
3. Derecho a equivocarse y a hacerse responsable de sus propios errores.
4. Derecho a tener sus propios valores, opiniones y creencias.
5. Derecho a tener sus propias necesidades y que éstas sean tan importantes como las de los demás.
6. Derecho a experimentar y a expresar los propios sentimientos y emociones, haciéndonos responsables de ellos.
7. Derecho a cambiar de opinión, idea o línea de acción.
8. Derecho a protestar, cuando se es tratado de una manera injusta.
9. Derecho a cambiar lo que no nos es satisfactorio.
10. Derecho a detenerse y pensar antes de actuar.
11. Derecho a pedir lo que se quiere.
12. Derecho a ser independiente
13. Derecho a superarse, aun superando a los demás.
14. Derecho a que se le reconozca un trabajo bien hecho.
15. Derecho a decidir qué hacer con el propio cuerpo, tiempo y propiedades.
16. Derecho a hacer menos, de lo que humanamente se es capaz de hacer.
17. Derecho a ignorar los consejos de los demás.
18. Derecho a rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta.
19. Derecho a estar solo, aun cuando otras personas deseen nuestra compañía.
20. Derecho a no justificarse ante los demás.
21. Derecho a no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás.
22. Derecho a no estar pendiente, de la buena voluntad de los demás.
23. Derecho a elegir entre responder o no hacerlo.
24. Derecho a sentir y expresar el dolor.
25. Derecho a hablar sobre un problema con la persona implicada y, en los casos límite en los que los derechos de cada uno no están del todo claros, llegar a un compromiso viable.
26. Derecho a no comportarse de forma asertiva o socialmente hábil.
27. Derecho a vulnerar, de forma ocasional, algunos de los derechos personales.
28. Derecho a hacer cualquier cosa, mientras no se violen los derechos de otra persona.
29. Derecho a tener derechos.
30. Derecho a decidir si uno quiere o no, responsabilizarse de los problemas de otros.
31. Derecho a renunciar, o a hacer uso de estos derechos.

Lo que hago, no cambia lo que Soy. Reyna Amaya

Cuando digo que «Lo que hago, no cambia lo que soy», me refiero a que, en esencia Soy/Eres el Hijo de Dios y eso no va a cambiar…. Dios me sigue/te sigue viendo, tal como me/te creó. Ningún comportamiento humano, cambia eso.
Cuando digo que voy a la Penitenciaría a ver al Hijo de Dios, a eso me refiero.
Todos salimos del mismo lugar… no hay un «lechero cósmico» (chiste local), TODOS somos el Hijo de Dios y tampoco, hay «Hijos del Ego» el tal ego, no tuvo hijos… (esto lo comentó alguna vez uno de los chicos del Norte (del reclusorio, no de Monterrey jajaja y eso fue lo que le respondí).

Es posible que no me guste/te guste el comportamiento de alguien y, si es un cercano, conviene marcar límites. Sin embargo, detrás de ese vestido humano, también está un Ser de Luz y Amor, el Hijo de Dios.

Lo que hago, no cambia lo que soy, me/te libera de la culpa y me/te lleva a hacerme/te responsable de cada acción y de su resultado.
El trabajo, desde la parte humana, en consciencia o no (quiere decir, dándome/dándote cuenta o no, es comportarme/comportarme como quien soy/eres y, ante ese resultado o consecuencia de mi acción o acciones, preguntarme:  ¿ahora qué, hago con ésto que es?

Cuando una persona dice: «quiero ser un mejor ser humano»:

1. Habla de «convertirse en un mejor humano»; el Ser, la Esencia, ya es perfecta.
2. En realidad lo que quiere decir, es que algunos (o muchos) aspectos de su comportamiento, no muestran quien realmente es.
3. Yo me pregunto: Si quiere ser un «mejor» humano, ¿quiere decir que ahora es peor?
4. Si! Por supuesto! El objetivo aquí, durante esta experiencia de vida, es encontrar la manera de expandir la consciencia, evolucionar, crecer, etc. etc.
Hechos a imagen y semejanza de Dios, no se refiere, obviamente, al cuerpo; se refiere a los atributos que a Dios, la Fuente, la Divinidad, el Universo (como se le quiera llamar) y eso que viene «en el paquete de inicio» , seguirá estando ahí, lo reconozca o no lo reconozca, lo manifieste o no lo manifieste. Entre otros muchos, esos atributos son: Amor, Paz, Luz, Libertad, Completud, Bondad, Belleza y muchos, muchos más.

Una vez más, este es mi punto de vista, no pretendo convencerte de nada, no me interesa. Comparto contigo mi certeza, desde el Amor, el Respeto y la Responsabilidad.

Yo soy tú y te amo!

Decidir o no decidir… esa es la cuestión Reyna Amaya

Decidir, viene del verbo latino ‘dēcīdĕre’ que significa ‘separar cortando’, ‘cortar’, ‘restar’, ‘acabar’, ‘zanjar’, dicho verbo se compone del prefijo ‘de-‘ (de-, dis-) que indica separación y del verbo ‘caedĕre’ que significa ‘pegar’, ‘cortar’, ‘talar’, ‘romper’ y… ‘matar’… voy a matar alternativas… y con eso de que el miedo a la muerte es el miedo más grande que tienen algunos seres humanos… todo se complica. Si pienso en el nacimiento de una posibilidad, cambia el enfoque. Al final, quiere decir, cortar la posibilidad de otras alternativas, para quedarse con una sola que, por supuesto, no está garantizada, no está garantizado que esa decisión tenga el resultado deseado…

Nada es seguro, todo es posible… eso de NADA ES SEGURO, es lo que produce mucha incertidumbre. Si te centras, si me centro en la segunda parte, TODO ES POSIBLE, me arriesgo, decido y con eso, regresa la paz mental… y bueno, cuando esa decisión tenga un resultado, ya veré qué sigue. Antes, lo que puedo es elaborar un plan A, B, C y eso elimina el famoso “Y si…”

Hay personas que dicen que les cuesta mucho trabajo tomar decisiones. Sin embargo, todo el tiempo estamos tomando decisiones, desde que despertamos hasta que nos vamos a dormir. A qué hora me levanto, qué es lo primero que hago, qué desayuno, qué ropa me pongo, salgo de mi casa, qué camino tomo, etc. etc.; la lista de decisiones que se toman en un día, es muy larga. Algunas son decisiones cotidianas, que parecen no representar mayor conflicto, decisiones que tienen un resultado a corto, mediano y largo plazo. Podríamos decir que son decisiones fáciles.

Hay otras decisiones, de las que podrían considerarse “difíciles”, en donde la persona se queda como atorada y eso le causa mucha ansiedad. Ansiedad, porque contempla las opciones y tiene miedo, mucho miedo, de tomar una decisión equivocada…volvemos a que Nada es seguro, todo es posible… Mientras no tomo o tomas una decisión – acción, no vas a saber cuál es el resultado y de ahí, qué sigue. Puede que funcione como tú quieres o no. Jamás vas a poder tener en la vida, la seguridad de algo… Bueno, la muerte, desde la parte humana, es algo seguro, todos y todas, algún día, vamos a morir…y ni hablar, dependiendo de las creencias que tengas, eso será el final, o el inicio.

Fuera de eso, todo es incierto, por lo tanto, eso de que: «hasta la muerte nos separe», en realidad, sólo puedes decírtelo tú a ti, En una relación, por ejemplo,  nunca se sabe… Nada es seguro, ¡todo es posible!

Por cierto, cuando no decides, ya sea porque es algo que te causa mucho conflicto o porque decides que otro decida por ti, te tengo una noticia:¡También estás tomando una decisión! El «riesgo» es que el resultado no te guste, por lo que considero que lo mejor (salvo tu mejor opinión) es  que tomes tus propias decisiones, desde  el amor, la consciencia y la responsabilidad ( en lugar de hacerlo desde el miedo). Recuerda que tú eres el/la responsable universal de tu bienestar.

 

Acerca de Viktor Frankl y el Sentido de la vida por Elena Ruth Mandel

La valoración de uno mismo es el punto de partida en la búsqueda del sentido.

A partir del relato de sus experiencias en un campo de concentración, el Dr. Viktor Frankl explica en su libro “El hombre en busca de sentido “, la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, él sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda.

¿Cómo pudo él, que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin que tantas veces estuvo a punto del extermino-, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla?

La búsqueda del sentido de la vida es la esencia de la existencia. En la realización de este sentido el hombre aspira a encontrarse con otro ser humano en la forma de un TU y amarlo.

Cuando el sentido de la existencia se ve frustrado, el deseo de poder o de placer ocupa el lugar mas importante en la motivación de la conducta, de esta forma la búsqueda de la felicidad se convierte en un fin en sí mismo y por lo tanto en una frustración.

¿Cómo podemos transformar nuestra existencia?

La felicidad se obtiene como consecuencia de un motivo y no por la búsqueda de ella misma. La puerta a la felicidad se abre hacia afuera, y a quien intenta derribarla se le cierra con llave.

El optimismo es una pieza clave de la concepción de Frankl; la vida aparece como una oportunidad a la que hay que responderle, es necesario buscar la mejor opción para conservarla y por lo tanto mantener la promesa de sobrevivir. En este sentido, una vez definido el Para qué, el acento pasa a los Cómo.

El amor es la meta más alta a la que puede aspirar el ser humano. Esta fe fundamental permite recuperar todos los esfuerzos, decisiones o acciones que alguien haya realizado en su vida. Lo fundamental para Frankl es lo que el hombre responde a las preguntas que le hace la vida y no lo que el hombre le pregunta a la vida. La felicidad es el resultado del sentido.

En este compromiso los valores juegan un papel fundamental, se trata de los valores de actitud, de creación y de experiencia, privilegiada en este último caso la experiencia amorosa. Los valores hacen posible un viaje interior de donde surge, por un lado, la fe en el futuro, y por el otro, la búsqueda de recursos de amor y sentido en la propia historia personal de vida.

La relación entre fortaleza interior (valores, fe, amor, sentido) y meta futura, es el eslabón que integra al individuo y le permite reconocerse con un ser único e irrepetible.

¿Qué es la actitud interior?

La actitud interior ante las circunstancias es resultado de una elección personal. Es la libertad para, la que le da al hombre la posibilidad de convertirse en un ser indeterminado. Estar más allá de las limitaciones materiales o físicas es una posibilidad humana donde el hombre conoce la experiencia del heroísmo.

También la actitud interior está en profunda comunicación con el inconsciente espiritual. Es una manifestación de la presencia de Dios en la vida del hombre.

Las  nueve enseñanzas más significativas:

Elige tener esperanza

No siempre podemos cambiar las circunstancias, pero siempre podemos elegir nuestra actitud en cualquier situación que se presente. Cuando ya no podemos cambiar una situación, somos desafiados a cambiarnos a nosotros mismos

Conoce tu por qué

Pregúntate: ¿Para qué estoy viviendo? Todos los días deberíamos levantarnos y preguntarnos por qué nos levantamos y por qué estamos aquí. “Quiénes tienen un ‘por qué’ pueden tolerar casi cualquier ‘cómo’.

Aprende a llorar

Las lágrimas no son una muestra de debilidad; emanan de un alma que no teme quebrarse. “No hay necesidad de avergonzarse de las lágrimas, porque las lágrimas atestiguan que un hombre tuvo el mayor de los corajes, el coraje para sufrir”-

No te conformes con ser parte del rebaño

El mundo está al revés. En ocasiones, hacer lo que todos hacen es una locura. “Una reacción anormal ante una situación anormal es normal”.

Vive con sentido

Le damos sentido a la vida respondiendo las preguntas que la misma vida nos hace. La vida le plantea a cada persona un desafío y la persona solo puede responder con su propia vida. Lo que uno espera de la vida no importa; lo que importa es lo que la vida espera de uno.

Llena tu día con actos de bondad

La bondad tiene un objetivo, los cientos de pequeños actos de bondad que tenemos la oportunidad de hacer cada día están llenos de significado.

Ve más allá de ti mismo

Encontramos el verdadero sentido cuando trascendemos nuestros propios límites y necesidades. Cuanto más una persona se olvida de sí, al dar de si misma a una causa o a otra persona, más humana es y más crece.

Siente el dolor de los demás

Sufrir es doloroso, por más irrelevante que el problema les parezca a los demás. Ten empatía con el dolor de los demás, incluso si no es una tragedia en la perspectiva global de la vida.

Podemos cambiar incluso cuando la vida es difícil; podemos crear una vida significativa y llena de sentido, amor y propósito.

Tomado de www.psicoactiva.com

 

Autoconocimiento

Acerca del Sufrimiento y el Sentido de la Vida por Reyna Amaya

A partir del trabajo que estoy realizando con La Muerte y los Moribundos, la Muerte de Ivan Ilich y El hombre en busca del sentido, estoy llegando a conclusiones muy importantes, una vez más, que me llevan a darme cuenta, tanto en lo personal, como para encontrar una aplicación práctica, en el trabajo de acompañamiento que realizo como Coach.

Esta es una de ellas: Evitar el dolor a corto plazo a toda costa, es lo que lleva a una persona a fabricarse, de una manera no consciente quizás, lo que precisamente quiere evitar: sufrimiento, que, además, es inútil.

Cuando no toma una decisión, cuando no termina con una relación que ya no funciona y convierte en sufrimiento, lo que pudo haber sido un dolor fuerte que, como emoción auténtica, tiene una gran intensidad y corta duración, lo convierte en un sufrimiento prolongado y sin sentido.

El sufrimiento tiene muy mala fama… de ahí ese deseo de evitar el dolor o de repudiarlo y las personas, en medio de un duelo, ya sea por una relación que termina, por el fallecimiento de una persona amada o por una situación que termina, la pérdida de un trabajo o alguna posesión material, se preguntan: cuánto tiempo va a durar esto, no lo puedo soportar, me rebasa el dolor que siento, etc. etc. y lo alimentan con pensamientos tales como: No es posible que me haya sucedido esto a mí, si yo pensé que era algo seguro, no es posible que me haya hecho esto a mí, y todo lo que me prometió, los planes que hicimos, lo que vivimos juntos (tratándose de una relación que termina), sigue aquello de que me engañó, traicionó mi confianza, etc.etc. y cómo pudo ser y regresa al punto este,  de no puedo soportarlo, etc. etc.

El asunto ese, del que he hablado muchas veces de que se piensa, comercialmente, que las personas tienen que ser felices todo el tiempo y sonreír, sonreír y sonreír: Al mal tiempo buena cara, sonríe y la fuerza estará contigo y todo eso que se convierte en lo “socialmente aceptado”. Pareciera que no se tiene el derecho, desde la parte humana a estar triste, enojado, deprimido, a sufrir inclusive o a desanimarse, a vivir un duelo como corresponde, dure lo que dure, sea cual sea la situación y de acuerdo a sus propios tiempos. Todo eso puede ser transitorio, en la medida en la que una persona se permite a sí misma sentir lo que siente y permitir que fluya, sin justificarlo, sin encontrar argumentos que lo refuercen. Si el sufrimiento es grande o más pequeño, es algo relativo. Sufrimiento es sufrimiento y cada uno y cada una, es quien  lo vive, por lo que las comparaciones, están siempre fuera de lugar.

La pregunta que le hacía Viktor Frankl a sus pacientes, me impresionó y me sirve para cuestionarme yo y para cuestionar a quien corresponda: ¿Por qué no se suicida usted? Esta pregunta,  lleva al descubrimiento de cuál es el sentido de la vida de cada uno y cada una:  Pueden ser los hijos, el trabajo, un talento,  los bienes materiales, una pareja… Sin embargo, cuando el sentido de la vida está basado en algo externo, el riesgo es que eso que ahora le da sentido a la vida, deje de estar aquí y ahora y, entonces, se convierte en lo que yo llamaría, un viaje directo al sufrimiento, sin escalas, y con todos los gastos pagados, hasta que la persona decida cambiar de canal…

Otra reflexión, es que a veces, para algunas personas, cuando no tienen una motivación real, un propósito de vida claro, una situación dolorosa, convertida en sufrimiento, se convierte en su motivo, en lo que le da sentido a su vida. Finalmente, requieren sentir que algo los sostiene y los hace sentir vivos y en medio de una gran ambigüedad, rechazan y abrazan ese sufrimiento por tiempo indefinido.

Darse cuenta,  es el punto de quiebre para tomar nuevas decisiones. No es meter lo que se siente debajo de la alfombra; es hacerle frente, permitirlo, trascenderlo, resolverlo y seguir con lo que sigue, en lugar de quedarse en lo que pudo haber sido y no fue o en lo que si fue y ya no es.

Va para ti y para mi: ¿Cuál es el sentido del sufrimiento? ¿De qué me doy cuenta? ¿De qué te das cuenta? ¿Hacia donde me/te lleva? ¿Qué cambios requiero/requieres hacer? ¿Qué decisiones requiero/requieres tomar? ¿Qué ciclos requiero/requieres cerrar?

Es un tema muy interesante y me lleva a muchas reflexiones, seguramente voy a seguir profundizando en él.

Por lo tanto, la pregunta con la que yo quiero dejarte hoy es: ¿Cuál es el sentido de tu vida? ¿Por qué no te suicidas?

 

 

Comunicación no Violenta Marshall B. Rosenberg

Cómo comunicarnos de un modo más efectivo y coherente con nuestros valores. Resumen

Tomado de https://www.leadersummaries.com/ver-resumen/comunicacion-no-violenta

 

 Introducción
¿Cómo nos vinculamos con otra persona cuando sentimos mucho enfado y dolor? ¿Qué hacemos cuando estamos en pleno desacuerdo con los argumentos planteados? ¿Cómo respondemos a la angustia y desesperanza de alguien a quien queremos ayudar? ¿Cómo planteamos peticiones en reuniones de trabajo? Estos interrogantes ilustran algunos de los escenarios planteados en este libro. Mientras aprendemos a identificar nuestras propias formas de actuar que aumentan el conflicto y la desconexión, podemos educarnos para estar presentes de un modo que potencie la armonía y la cooperación, y que nos ayude a responder a nuestras necesidades. ¿Cómo hacerlo? En Comunicación no violenta, Rosenberg plantea una serie de pautas y habilidades para lograrlo.
Comunicación no violenta expresa una clara y sistemática presentación de un programa educativo desarrollado por Marshall Rosenberg, a partir de su experiencia como mediador, educador y terapeuta, y que en la actualidad se comparte en más de 45 países. A lo largo de sus páginas, Rosenberg nos involucra en un proceso de reflexión y aprendizaje relacionado con cómo nos comunicamos habitualmente y cómo podemos hacerlo de un modo más efectivo y coherente con nuestros valores.
En este resumen se repasan los cuatro elementos clave de la comunicación no violenta (CNV), esto es: observar sin evaluar, identificar y expresar los sentimientos, asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos y formular a los demás peticiones conscientes para enriquecer nuestra vida. También se señala la importancia de conectar con nuestras necesidades y con las de los demás, hecho que nos aleja de prejuicios y evaluaciones y nos hace capaces de poner en práctica el poder de la empatía para comunicarnos de manera efectiva.
 Observar sin evaluar
El primer componente de la CNV (comunicación no violenta) implica la separación entre observación y evaluación. Necesitamos observar claramente aquello que vemos, oímos o tocamos que afecta a nuestro bienestar, sin mezclarlo con una evaluación. Hacer observaciones constituye un elemento importante de la CNV mediante el cual intentamos comunicar a otra persona, de forma clara y sincera, cómo nos sentimos. Sin embargo, si mezclamos la evaluación con la observación, reduciremos la probabilidad de que la otra persona entienda lo que pretendemos transmitirle. En lugar de ello, recogerá la crítica y opondrá resistencia a lo que estamos diciendo.
La CNV no nos dice que seamos totalmente objetivos ni tampoco que nos abstengamos de hacer evaluaciones. Lo único que nos dice es que mantengamos una separación entre nuestras observaciones y nuestras evaluaciones. La CNV constituye un lenguaje dinámico que rechaza las generalizaciones estáticas; en lugar de ello, las evaluaciones deben basarse en observaciones específicas del momento y del contexto.
El filósofo indio J. Krishnamurti dijo una vez que observar sin evaluar constituye la forma suprema de la inteligencia humana. La primera vez que leí esta afirmación me dije: «¡Qué tontería!», sin darme cuenta de que acababa de emitir una evaluación. A la mayoría nos cuesta hacer observaciones de la gente y su conducta exentas de juicios, críticas u otras formas de análisis.
 Identificar y expresar sentimientos
El primer componente de la CNV es observar sin evaluar; el segundo es expresar cómo nos sentimos. El psicoanalista Rollo May afirma que «la persona madura es capaz de diferenciar los sentimientos estableciendo muchos matices, intensos y apasionados o delicados y sensibles, como si fueran los diferentes pasajes musicales de una sinfonía». Pero en muchos casos, como diría May, nuestros sentimientos son tan «limitados como las notas de un toque de corneta».
El repertorio de adjetivos que aplicamos a las personas suele ser más amplio que el vocabulario del que disponemos para describir con claridad nuestros estados de ánimo. Se nos educa para orientarnos hacia los demás más que para estar en contacto con nosotros mismos. Tenemos metida en la cabeza la siguiente pregunta: «¿Qué quieren los demás que yo diga y haga?».
Revelar nuestra faceta humana y expresar la propia vulnerabilidad pueden ayudar a resolver conflictos o situaciones de comunicación difíciles. En una ocasión tuve que trabajar con los administradores de un hospital que se sentían muy inquietos a causa de una próxima reunión que iban a tener con los médicos. Querían conseguir que los apoyaran en un proyecto que los médicos acababan de rechazar casi por unanimidad. Los administradores deseaban que yo les demostrara cómo utilizar la CNV en su trato con los médicos.
Adoptando el rol de uno de los administradores en una dramatización, empecé con las siguientes palabras: «Me asusta plantear esta cuestión». Elegí aquellas palabras porque me di cuenta de que los administradores tenían miedo de volver a enfrentarse con los médicos a propósito de ese tema. Sin darme tiempo a continuar, uno de los administradores me interrumpió con esta protesta: «¡Usted no entiende la situación! No podemos decirles a los médicos que estamos asustados». Al preguntarle por qué, respondió sin titubear: «Si se lo dijéramos nos harían pedazos». La respuesta no me sorprendió lo más mínimo, ya que había escuchado a muchas personas decir que nunca se les ocurriría manifestar sus verdaderos sentimientos en su lugar de trabajo.
Sin embargo, uno de los administradores decidió arriesgarse a confesar su vulnerabilidad en la temida reunión. En lugar de adoptar una actitud estrictamente lógica, racional y nada emotiva, según tenía por costumbre, optó por expresar sus sentimientos exponiendo al mismo tiempo por qué deseaba que los médicos cambiaran de actitud. Pudo comprobar entonces que los médicos respondían de manera muy diferente. Al final se sorprendió y se quitó un peso de encima cuando vio que los médicos no solo no lo hacían pedazos, sino que cambiaban radicalmente de actitud y votaban a favor de su proyecto por diecisiete votos a uno. Aquel cambio tan espectacular contribuyó a que los administradores advirtieran y apreciaran la repercusión que podía tener la expresión de la propia vulnerabilidad… incluso en el lugar de trabajo.
Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos
El tercer componente de la CNV implica el reconocimiento del origen de nuestros sentimientos. La CNV potencia nuestra conciencia de que aquello que hacen o dicen los demás puede ser el estímulo, pero nunca la causa, de nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos son el resultado de cómo elegimos tomarnos lo que dicen y hacen los demás, y también de nuestras necesidades y expectativas particulares en ese momento. El tercer componente nos invita a aceptar la responsabilidad de lo que hacemos para generar nuestros propios sentimientos.
Cuando alguien nos transmite un mensaje negativo, sea verbal o no verbal, tenemos cuatro opciones con respecto a la manera de recibirlo. Una es tomárnoslo de manera personal, captando en él acusaciones y críticas. Por ejemplo, alguien está irritado con nosotros y nos dice: «¡Eres la persona más egocéntrica que he conocido en mi vida!». Si nos tomamos la frase de forma personal, podemos reaccionar respondiendo: «Sí, debería ser más sensible con los demás». Es decir, aceptamos el punto de vista de la otra persona y nos echamos la culpa. Es una opción que vulnera nuestra autoestima y nos cuesta un precio muy alto, ya que nos lleva a sentirnos culpables, avergonzados y deprimidos.
Una segunda opción es echar la culpa a nuestro interlocutor. En respuesta a la afirmación «¡Eres la persona más egocéntrica que he conocido en mi vida!», podríamos protestar diciendo: «No tienes derecho a decirme esto. Siempre tengo en cuenta tus necesidades. ¡Tú eres el egocéntrico!». Cuando nos tomamos las afirmaciones de esta manera y echamos la culpa a la otra persona, lo más probable es que sintamos rabia.
La tercera opción que tenemos cuando recibimos un mensaje negativo consiste en hacer que brille la luz de nuestra conciencia para ver con claridad nuestros sentimientos y necesidades. Así podríamos, por ejemplo, responder: «Cuando me dices que soy la persona más egocéntrica que conociste en tu vida, me siento herido, porque yo querría que reconocieras los esfuerzos que hago para tener en cuenta tus preferencias». Al centrar la atención en nuestros sentimientos y necesidades, tomamos conciencia de que sentirnos heridos en esta circunstancia deriva de nuestra necesidad de que se reconozcan los esfuerzos que hacemos.
Cuando recibimos un mensaje negativo tenemos, finalmente, una cuarta opción, que consiste en iluminar con la luz de la conciencia los sentimientos y necesidades de la otra persona en ese momento según ella misma los expresa. Podríamos preguntarle, por ejemplo: «¿Te sientes herida porque necesitas que se tomen en cuenta tus preferencias?».
Todos los juicios, críticas y diagnósticos que emitimos, así como las interpretaciones que hacemos de los demás, son expresiones de nuestras propias necesidades. Si alguien nos dice: «Tú no me entiendes», lo que está diciéndonos en realidad es que su necesidad de ser comprendido no está satisfecha. Cuando nuestra esposa nos dice: «Esta semana estuviste trabajando todas las noches hasta muy tarde; tu trabajo te importa más que yo», lo que nos dice en realidad es que necesita que seamos más afectuosos con ella.
Siempre que manifestamos nuestras necesidades de una manera indirecta y nos valemos de evaluaciones, interpretaciones e imágenes, lo más probable es que los demás perciban críticas en nuestras palabras y que, por lo tanto, se defiendan o contraataquen. Si aspiramos a que los demás nos respondan de un modo solidario, al manifestar nuestras necesidades por medio de la interpretación o el diagnóstico de su comportamiento, estaremos actuando de manera contraproducente. En cambio, cuanto más directamente conectemos nuestros propios sentimientos y necesidades, más fácil será que los demás respondan a ellas de forma compasiva.
Lamentablemente, no se nos ha educado para pensar en cuáles son nuestras necesidades. Nos hemos acostumbrado a creer que son los demás quienes se equivocan cuando no satisfacemos nuestras necesidades. Así pues, si queremos que nuestros hijos se acostumbren a colgar sus abrigos en el armario, quizá los califiquemos de haraganes cuando los dejen sobre la cama. O tacharemos a nuestros colaboradores de irresponsables si no llevan a cabo sus tareas como nos gustaría.
Podemos pasar de ser esclavos de nuestras emociones a liberarnos de ellas expresándolas. A lo largo de nuestra evolución hacia un estado de liberación emocional, la mayoría de nosotros pasamos por tres etapas en nuestra forma de relacionarnos con los demás.
Etapa 1: En esta etapa, a la que nos referiremos como esclavitud emocional, nos consideramos responsables de los sentimientos de los demás. Creemos que debemos esforzarnos constantemente en hacer felices a los demás. Y cuando nos parece que no lo son, nos sentimos responsables y obligados a hacer algo para que lo sean. Se trata de una actitud que nos lleva a ver a las personas que nos son más próximas como una verdadera carga.
Etapa 2: En esta etapa nos damos cuenta del elevado coste que acarrea asumir la responsabilidad de los sentimientos de los demás e intentar adaptarnos a ellos a costa nuestra. Cuando me refiero a esta etapa, la llamo en broma «la etapa antipática», porque acostumbramos a hacer comentarios como: «¡Ese es tu problema! Yo no soy responsable de tus sentimientos». Tenemos claridad de aquello sobre lo que no tenemos responsabilidad, pero todavía no hemos aprendido cómo ser responsables ante los demás de una forma que no nos esclavice emocionalmente.
Etapa 3: En la tercera etapa, llamada «liberación emocional», respondemos a las necesidades de los demás con compasión, nunca por miedo, sentimiento de culpa o vergüenza. Así, nuestros actos nos colman de satisfacción no solo a nosotros mismos, sino también a las personas que reciben nuestros esfuerzos. Aceptamos la plena responsabilidad de nuestras intenciones y nuestras acciones, pero no nos hacemos responsables de los sentimientos de los demás. Una vez alcanzada esta etapa, ya tenemos el pleno convencimiento de que no llegaremos nunca a satisfacer nuestras necesidades a costa de los demás. La liberación emocional implica expresar claramente cuáles son nuestras necesidades, teniendo también en cuenta la satisfacción de las necesidades de los demás. La CNV está concebida como un soporte en el que apoyarnos una vez alcanzado este nivel.
 Peticiones conscientes
Hasta aquí desarrollamos los tres primeros componentes de la CNV, que se centran en lo que observamos, sentimos y necesitamos. Aprendimos a hacerlo sin criticar, analizar ni echar la culpa a nadie, sin establecer diagnósticos y actuando de una manera que propicie la comprensión y la compasión. El cuarto y último componente de este proceso se ocupa de lo que nos gustaría pedir a los demás para enriquecer nuestra vida. Cuando nuestras necesidades se encuentran insatisfechas, nos atenemos a la expresión de lo que observamos, sentimos y necesitamos con una petición específica: acciones que puedan satisfacer nuestras necesidades. ¿Cómo expresaremos lo que queremos pedir para conseguir que los demás respondan a nuestras necesidades de una manera compasiva?
Además de emplear un lenguaje positivo, también conviene evitar las frases de sentido vago, abstracto o ambiguo, y formular nuestras peticiones en forma de acciones concretas que los demás puedan realizar. Una historieta muestra a un hombre que se cayó en un lago. Mientras intenta llegar nadando a la orilla, le grita a su perro, que sigue en tierra: «¡Lassie, busca ayuda!». En la viñeta siguiente vemos al perro tendido en el diván de un psiquiatra. Todos sabemos muy bien que las opiniones pueden variar enormemente en lo que se refiere a prestar ayuda.
A menudo usamos un lenguaje vago y abstracto para indicar cómo querríamos que una persona se sintiera o fuera, sin referirnos a la acción concreta que esperamos de ella para que logre alcanzar ese estado. Por ejemplo, un empresario hace un auténtico esfuerzo para que sus empleados se comuniquen abierta y honestamente ante él, y les dice: «Quiero que se sientan en plena libertad para expresarse cuando yo esté presente». Es una afirmación que comunica a los empleados el deseo del empresario de que «se sientan libres», pero no comunica lo que podrían hacer para sentirse así. Para ello el empresario podría usar un lenguaje de acción positiva o formular su petición de la manera siguiente: «Me gustaría que me dijeran qué puedo hacer para que se sientan en plena libertad de expresarse».
Cuanto más claros nos mostremos con respecto a lo que esperamos de la otra persona, más probabilidades tenemos de que se satisfagan nuestras necesidades. Como sabemos muy bien, el mensaje que emitimos no siempre es el que se recibe. Solemos basarnos en ciertas claves verbales que nos indican si lo que pretendemos transmitir se entendió de manera satisfactoria. Pese a todo, no tenemos la seguridad absoluta de que sea así. Para ello será mejor pedirle claramente una respuesta a la otra persona para saber cómo entendió nuestras palabras y poder corregir cualquier interpretación incorrecta.
En algunos casos bastará con una simple pregunta como «¿Está claro?». En otros, nos hará falta algo más que una respuesta como «Sí, te entiendo», para estar seguros de que la otra persona realmente nos comprendió. En tales casos no estará de más que pidamos que nos confirme con sus propias palabras lo que nos oyó decir; entonces tendremos ocasión de repetir ciertas partes de nuestro mensaje y rectificar cualquier discrepancia u omisión que hayamos podido percibir.
Expresar una auténtica petición también requiere que tengamos conciencia de cuál es nuestro objetivo. Si se trata solo de influir sobre la persona y modificar su conducta, o en salirnos con la nuestra, la CNV no es una herramienta adecuada. El método está pensado para aquellos que quieren que los demás cambien y respondan, pero únicamente si optan por hacerlo de buena voluntad y desde una actitud solidaria.
El objetivo de la CNV consiste en establecer una relación basada en la sinceridad y la empatía. Cuando los demás confían en que nuestro propósito primordial es la calidad de la relación y que esperamos que el procedimiento satisfaga las necesidades de todos, pueden confiar en que nuestras peticiones son realmente eso y no exigencias camufladas. Sin duda, es difícil mantener la conciencia de este objetivo, sobre todo cuando se trata de padres, maestros, empresarios y personas cuyo trabajo se centra en influir en los demás y conseguir que se comporten de un modo determinado.
 La empatía
La empatía consiste en una comprensión respetuosa de lo que los demás están experimentando. El filósofo chino Chuang-Tzu afirmó que la verdadera empatía requiere escuchar con todo el ser: «Escuchar simplemente con los oídos es una cosa. Escuchar con el entendimiento es otra distinta. Pero escuchar con el alma no se limita a una sola facultad, al oído o al entendimiento. Exige vaciar todas las facultades. Y cuando las facultades están vacías, es todo el ser el que escucha. Entonces se capta de manera directa aquello que se tiene delante, lo cual jamás podrá oírse a través del oído ni comprenderse con la mente”. En nuestra relación con los demás la empatía solo se produce cuando hemos sabido desprendernos de todas las ideas preconcebidas y todos los prejuicios.
La presencia que requiere la empatía no es fácil de mantener. «La capacidad de prestar atención a la persona que sufre es muy rara y difícil; es casi un milagro: es un milagro. Es una capacidad que casi ninguno de los que creen tenerla tiene en realidad», afirma la escritora francesa Simone Weil. En lugar de la empatía, solemos caer, en cambio, en la tendencia a dar consejos, a tranquilizar o a explicar cuál es nuestra postura o nuestros sentimientos. La empatía, en cambio, requiere centrar toda la atención en el mensaje que nos transmite la otra persona. Damos a los demás el tiempo y el espacio que necesitan para expresarse plenamente y sentirse comprendidos. Hay un proverbio budista que describe muy bien esta capacidad: «No se limite a hacer algo, esté presente».
La comprensión intelectual bloquea la empatía. Cuando creemos que tenemos que «arreglar las cosas» para que los demás se sientan mejor, dejamos de estar presentes. El elemento clave de la empatía es la presencia, la capacidad de estar totalmente presentes con la otra persona y lo que está sintiendo. Esta calidad de presencia es lo que distingue la empatía de una comprensión intelectual o de compadecerse ante lo que le ocurre a otra persona. Aun cuando en algunas ocasiones podamos optar por compartir los sentimientos que se despiertan en nosotros al escuchar a otras personas, conviene que tengamos muy presente que compartir cómo nos conmueve lo que oímos del otro no es lo mismo que ofrecer empatía.
Para confirmar si entendimos bien lo que quiere transmitirnos la otra persona, es útil repetirlo en nuestros términos. Si al parafrasear lo que nos dijo resulta que nos equivocamos, nuestro interlocutor tiene la oportunidad de corregirnos. Otra de las ventajas de ofrecerle nuestra versión de lo que entendimos es brindar a la otra persona la oportunidad de profundizar en lo que nos ha dicho. La CNV sugiere que el parafraseo se formule a través de una serie de preguntas, que revelan lo que entendimos y da lugar a las correcciones oportunas por parte de nuestro interlocutor.
Si nos ocurre con frecuencia que la gente desconfía de nuestras motivaciones y nuestra sinceridad cada vez que parafraseamos sus palabras, tal vez eso sea un indicio de que debemos analizar mejor nuestras intenciones. Quizás estemos parafraseando lo que nos dicen los demás y pongamos en práctica la CNV de una manera mecánica y sin una conciencia clara de cuáles son nuestras intenciones. Podríamos preguntarnos, por ejemplo, si nos dedicamos más a utilizar la CNV «correctamente» que a conectarnos con el ser humano que tenemos frente a nosotros. O, quizás, aunque estemos usando la forma de la CNV, nuestro único interés sea cambiar la conducta de la otra persona.
Algunas personas se resisten a parafrasear porque consideran que es una pérdida de tiempo. Un funcionario municipal dijo durante una sesión de práctica: «A mí me pagan para aportar hechos y soluciones, no para practicar la psicoterapia con quienes vienen a mi oficina». Pero ese mismo funcionario se veía obligado a enfrentarse con ciudadanos furiosos que iban a verlo con sus problemas y salían indignados de su despacho porque no les ofrecía soluciones. Algunas de estas personas me confiaron más tarde: «Cuando entras en su despacho, te presenta un montón de hechos, pero siempre te quedas sin saber si te escuchó o no. Frente a esto, comienzas a desconfiar de los hechos».
Parafrasear no es perder el tiempo; todo lo contrario: permite ahorrarlo. Estudios realizados sobre las negociaciones entre los representantes de las empresas y los trabajadores demuestran que se ahorra la mitad del tiempo que se suele emplear en ellas cuando cada negociador acepta, antes de responder, repetir exactamente lo que acaba de decir su interlocutor.
Es imposible darle a alguien lo que no tenemos. Por eso, si nos sentimos incapaces de ofrecer empatía a pesar de nuestros esfuerzos, o estamos poco dispuestos a hacerlo, eso suele significar que estamos demasiado privados de empatía como para poder brindársela a los demás. A veces, si reconocemos con sinceridad que existe en nosotros un malestar que nos impide actuar empáticamente con los demás, tal vez la otra persona nos ofrezca la empatía que necesitamos.
Otras veces quizá necesitemos proveernos de una especie de empatía de «primeros auxilios» prestando atención a lo que nos ocurre con la misma presencia y concentración que les ofrecemos a los demás. Dag Hammarskjold, ex secretario general de las Naciones Unidas, dijo en una ocasión: «Cuanto mejor escuchemos nuestra voz interior, tanto mejor oiremos lo que esté ocurriendo afuera». Si nos volvemos competentes en practicar la empatía con nosotros mismos, sentiremos a los pocos segundos una liberación de energía que nos permitirá estar presentes con la otra persona.
Todos nos hemos encontrado alguna vez en medio de una conversación poco interesante, sin vida. Quizás estamos en un evento social en el que escuchamos una serie de cosas que no nos hacen sentirnos conectados con quien las dice. O estamos escuchando a alguien que habla en «blabla-iano». Las conversaciones agotan su vitalidad cuando nos desconectamos de los sentimientos y necesidades que generan las palabras de la persona que habla y de las peticiones asociadas a dichas necesidades. Es la situación que suele producirse cuando la gente habla sin tener plena conciencia de lo que siente, necesita o pide. En lugar de participar en un intercambio vital con otros seres humanos, tenemos la sensación de habernos convertido en papeleras donde van a parar las palabras.
¿Cómo y cuándo debemos interrumpir una conversación que ha llegado a un punto muerto a fin de infundirle vida? Yo diría que el momento más oportuno para interrumpirla es cuando oímos una palabra más de la que queremos oír. Cuanto más tiempo esperemos, más nos costará mostrarnos civilizados cuando intervengamos. Nuestra intención al interrumpir no es reclamar un espacio para nuestra expresión, sino ayudar a la persona que habla a conectarse con la energía vital que se esconde detrás de lo que dice. Otra manera de animar una conversación consiste en expresar abiertamente nuestro deseo de una mayor conexión y pedir la información que nos pueda ayudar a establecerla.
Uno de los mensajes con los que resulta más difícil empatizar para muchos de nosotros es el silencio. Esto sucede especialmente cuando hemos expresado nuestra vulnerabilidad y queremos saber cómo reaccionan los demás ante nuestras palabras. En tales ocasiones es fácil proyectar nuestros peores temores en falta de respuesta y olvidarnos de conectarnos con los sentimientos y necesidades que los demás expresan a través del silencio.
Una vez estaba trabajando con el personal de una empresa, me dejé llevar por la emoción del tema que trataba en aquel momento y, sin poder contenerme, me puse a llorar. Cuando levanté los ojos, me resultó difícil recibir la respuesta del director de la empresa: un silencio absoluto. Además, desvió la mirada, un gesto que interpreté como si lo que estaba viendo en aquel momento le disgustara profundamente. Afortunadamente recordé prestar atención a lo que estaría pensando en ese momento, y le dije: «Veo por su reacción que se siente disgustado por mi llanto y que seguramente preferiría contar con otra persona que supiera dominar mejor sus sentimientos para asesorar a su personal».
Si me hubiera respondido con un «sí», yo habría aceptado que teníamos valores diferentes en lo concerniente a la expresión de las emociones, sin pensar que yo estaba equivocado al manifestar las mías como lo había hecho. Sin embargo, en lugar de responderme con un «sí», el director contestó: «No, en absoluto. Lo que estaba pensando es en lo mucho que le gustaría a mi mujer que yo llorase». Entonces confesó que su mujer, quien había iniciado los trámites de divorcio, se quejaba de que vivir con él era como vivir con una roca.

La conexión con uno mismo

La CNV contribuye a las relaciones con los amigos y con la familia, así como en el trabajo y en el ámbito político. Su aplicación más crucial, sin embargo, tal vez radique en la manera en que nos tratamos a nosotros mismos. Si somos interiormente violentos para con nosotros mismos, es difícil que seamos realmente compasivos con los demás.
Un área importante donde esta violencia puede reemplazarse por la compasión es nuestra permanente evaluación de nosotros mismos. Es fundamental saber evaluar los hechos y las condiciones con las que nos encontramos de maneras que nos ayuden a aprender y a elegir sobre la marcha opciones que nos sean útiles. Lamentablemente, nos han enseñado a evaluarnos de una manera que a menudo contribuye más a fomentar el rencor hacia nosotros mismos que a aprender.
Resulta trágico que, ante equivocaciones que cometemos, muchos de nosotros nos quedemos enredados en un sentimiento de odio hacia nosotros mismos en lugar de beneficiarnos de equivocaciones que nos revelan nuestras limitaciones y nos guían hacia el crecimiento personal. Aun cuando a veces «aprendemos la lección» de los errores por los que nos juzgamos tan duramente, me preocupa la naturaleza de la energía que está detrás de este tipo de cambio y aprendizaje. Preferiría que el cambio estuviera estimulado por un claro deseo de enriquecer nuestra propia vida o la de los demás, y no por energías destructivas como la vergüenza o la culpa.
La vergüenza es una forma de odio hacia la propia persona, y las cosas que se hacen como reacción ante la vergüenza no son actos libres ni alegres. Aunque nuestra intención sea comportarnos con más amabilidad y sensibilidad, si los demás perciben que detrás de nuestras acciones hay vergüenza o culpa, es menos probable que aprecien lo que hacemos que si nos sentimos motivados puramente por el deseo humano de contribuir a la vida.
En nuestro idioma hay una expresión que tiene una enorme capacidad de generar vergüenza y culpa. Es una expresión violenta que solemos usar para autoevaluarnos y que está tan profundamente arraigada en nuestra conciencia que a muchos nos parecería casi imposible prescindir de ella. Se trata de la expresión «debería», como por ejemplo «no debería haber hecho eso» o «debería haberlo imaginado». Cuando la usamos con nosotros mismos, la mayoría de las veces nos resistimos a aprender, puesto que la expresión implica que no hay otra opción. Cuando los seres humanos escuchamos una exigencia, sea del tipo que sea, solemos resistirla porque amenaza nuestra autonomía, nuestra profunda necesidad de elegir. Tenemos esta reacción frente a la tiranía, incluso frente a la tiranía interna bajo la forma de un «debería».
En la siguiente autoevaluación está presente una expresión similar de exigencia interna: «Lo que estoy haciendo es espantoso. ¡Tengo que dejar de hacerlo!». Tómese un momento y piense en toda la gente a la que ha oído decir: «Tengo que dejar de fumar» o bien «Tengo que procurar hacer más ejercicio». No paran de decirse lo que «deben» hacer pero siguen resistiéndose a hacerlo porque el destino del ser humano no es la esclavitud. No estamos destinados a sucumbir a los dictados del «debería» o del «tengo que», vengan de fuera o de dentro de uno mismo.
Una premisa básica de la CNV es que siempre que damos a entender que alguien se equivoca u obra mal, lo que decimos en realidad es que dicha persona actúa de una forma que no está en armonía con nuestras necesidades. Si resulta que la persona que juzgamos somos nosotros mismos, lo que decimos es: «No me estoy comportando de una manera que está en armonía con mis propias necesidades». Estoy convencido de que si aprendemos a evaluarnos usando como parámetros si nuestras necesidades están o no satisfechas y hasta qué punto lo están, es mucho más probable que podamos aprender a partir de dicha evaluación.

Conclusión

El primer componente de la CNV implica la separación entre la observación y la evaluación. Cuando las mezclamos, la otra persona suele tener la impresión de que la estamos criticando, y por lo tanto opone resistencia a lo que le decimos. La CNV es un lenguaje dinámico que rechaza las generalizaciones estáticas. Las observaciones tienen que ser específicas del momento y el contexto; por ejemplo: «Hank Smith no ha marcado un gol en veinte partidos», en lugar de «Hank Smith juega mal al fútbol».
El segundo componente que necesitamos para expresarnos es el de los sentimientos. Si elaboramos un vocabulario de sentimientos que nos permita nombrar o identificar de forma clara y precisa nuestras emociones, nos resulta más fácil conectarnos con los demás. Al mismo tiempo que nos hace más vulnerables, la expresión de nuestros sentimientos puede ayudarnos a resolver conflictos. La CNV distingue entre la expresión de los sentimientos reales y las palabras o afirmaciones que sirven para describir pensamientos, evaluaciones e interpretaciones.
El tercer componente de la CNV es el reconocimiento de las necesidades que hay detrás de nuestros sentimientos. Lo que digan y hagan los demás puede ser el estímulo, pero nunca la causa, de nuestros sentimientos. Los juicios, críticas, diagnósticos e interpretaciones que hacemos de los demás son expresiones de nuestras propias necesidades y valores. Cuando los demás perciben una crítica, tienden a centrar su energía en la autodefensa o el contraataque. Cuanto más directa sea la conexión entre nuestros sentimientos y nuestras necesidades, más fácil será para los demás comprendernos y responder de un modo compasivo.
El cuarto componente de la CNV se centra en el tema de lo que nos gustaría pedirnos mutuamente para enriquecer nuestras vidas. Tratamos de evitar las expresiones vagas, abstractas o ambiguas, y recordamos emplear un lenguaje de acción positiva para hacer saber a los demás lo que queremos de ellos. Al hablar, cuanto más claramente manifestemos qué queremos, más probable será que lo consigamos.
En la CNV, al margen de las palabras que utilice nuestro interlocutor para expresarse, nos limitamos a prestar atención a sus observaciones, sentimientos, necesidades y peticiones. Después tal vez queramos reflejar lo que hemos oído parafraseándolo. Mantenemos nuestra actitud de empatía para que nuestro interlocutor tenga la oportunidad de expresarse plenamente antes de desviar nuestra atención hacia las soluciones o hacia la satisfacción de sus peticiones.
Nuestra capacidad de ofrecer empatía nos puede permitir ser vulnerables, neutralizar la violencia potencial, escuchar la palabra “no” sin tomarla como un rechazo personal, reanimar una conversación sin vida y hasta captar los sentimientos y necesidades expresados con el silencio. Las personas logran, una y otra vez, superar los efectos paralizantes del dolor psicológico cuando establecen suficiente contacto con alguien que puede escucharlos con empatía.
La aplicación más crucial de la CNV tal vez radica en la manera en que nos tratamos a nosotros mismos. Cuando cometemos errores, podemos usar el proceso de duelo y perdón hacia nosotros mismos que la CNV propone, para que nos indique hacia dónde podemos crecer en lugar de quedarnos atrapados en una serie de juicios moralistas. Al evaluar nuestras conductas en términos de nuestras necesidades insatisfechas, el ímpetu para realizar un cambio no procede de la vergüenza, la culpa, la ira o la depresión, sino de un auténtico deseo de contribuir a nuestro bienestar y al de los demás.

El Origen Psicológico de las Tensiones Musculares María Esther Pelayo

La terapia Psicocorporal en una tendencia psicoterapéutica, en la que se busca la salud psicológica, en equilibrio con el cuerpo . Lo que somos lo expresamos en y con nuestro cuerpo; nuestra salud física depende de nuestro bienestar emocional. Las tensiones en nuestro cuerpo, así como la multiplicidad de procedimientos orgánicos son el aspecto físico de conflictos emocionales no resueltos. La bioenergética es una técnica, entre otras con la que trabaja el terapeuta psicocorporal para atender, movilizar y liberar las tensiones estructuradas por la persona en su cuerpo, para mantener ciertas actitudes para detener, para retener la expresión emocional y no sentir.
Muchas personas se quejan de jaquecas, tensiones y rigidez general en su cuerpo. Gran parte de esas tensiones, nosotros las hemos constituido consciente o inconscientemente. En la terapia psicocorporal hemos descubierto que lo que a la mayoría de la gente tensa, es la necesidad de sostener un modo de ser o una actitud a toda costa.
Las más de las veces, con el fin de defenderse, protegerse y presentarse a los demás como es “deseable” aunque ello vaya en contra de sí mismos. Además, en su forma de ver la vida, muchas veces han desaprobado la expresión de determinadas emociones como la ira, el miedo o la tristeza, o de sensaciones como la de desamparo o el deseo sexual.
Ahora bien, reprimir una emoción no es solo una cuestión mental, es por medio de nuestra musculatura que podemos “controlarnos”, “agarrar” nuestra sensación o nuestra emoción con nuestros músculos y así evitar desahogarla.
En numerosas ocasiones nos “tragamos” lo que en verdad sentimos por miedo a expresarnos y a asumir las consecuencias, porque no conviene a la imagen que queremos dar. Pero el costo es muy alto, pues si estas acciones se vuelven muy frecuentes, las tensiones necesarias para lograrlo se vuelven crónicas y padecemos las consecuencias más tarde. Nuestro cuerpo esta adolorido la mayor parte del tiempo, “como si se nos hubiera caído el mundo encima”.
La acumulación de tensiones, nos torna rígidos y las emociones contenidas son siempre una bomba a punto de estallar o una carga que alimente a otros estados como la ansiedad, la depresión o la angustia. En esas circunstancias la persona está más propensa a enfermarse, pues debilita su cuerpo y dificulta la purificación de toxinas que continuamente realiza la sangre en nuestros tejidos por estar tensos, facilitando el cultivo de enfermedades de origen bacterial o viral.
Si una persona decide no entregarse a sus sentimientos, cuando ya los ha generado dentro de sí, la única manera para lograr no expresarlos es tensando la musculatura e inhibiendo la respiración. Ahora bien, esto tiene otras consecuencias. Toda emoción genera una química pues, como ya dijimos, somos seres corporales; sentir una emoción o un sentimiento es algo complejo que implica el desencadenamiento de procesos psíquicos como de procesos fisiológicos. El miedo, por ejemplo, implica una contracción de la musculatura a causa de la secreción de adrenalina, con el fin de prepararnos para huir. También hay un factor psicológico que guía la interpretación de un fenómeno, de una acción o de una persona como algo temible, peligroso, amenazador. La represión de una emoción como esta, no sólo deja los músculos tensos, sino la adrenalina, no utilizada, circulando en nuestro cuerpo. Si este tipo de represión se vuelve recurrente, la tensión se vuelve crónica y la adrenalina afecta órganos o necesita descargarse en pequeñas explosiones de ansiedad, de agresividad u otras, dependiendo de la persona, dado que no alcanza a metabolizarse cuando ya se secreto más.

¿Qué es y cómo nos ayuda la práctica de la Bioenergética?
La Bioenergética, permite a sus practicantes, sentir sus tensiones, reconocer en qué zonas se localizan, cómo afectan otras partes del cuerpo; cómo alteran la postura, el caminar, la soltura y el asentamiento en el piso. A partir de una práctica frecuente, se comienzan a aliviar las tensiones, sobre todo cuando se contacta con las emociones reprimidas y se analizan dentro de un espacio psicoterapéutico. También en este espacio, se aprende cómo expresar nuestras emociones en nuestra vida cotidiana, con sus debidos límites. Esto es de gran importancia, ya que no podemos dar rienda suelta a nuestros impulsos, cuando son destructivos o no respetan la integridad de los demás o de nosotros mismos.
La Bioenergética, cuyo principal creador es el Dr. Alexander Lowen, es el estudio de los procesos energéticos del cuerpo y su relación con la personalidad. Estos procesos determinan el estado de viveza del cuerpo, la cual, como ya mencionamos, se ve menguada con las tensiones no resueltas.
Las tensiones nunca son de músculos aislados, sino que corresponden al conjunto de músculos asociados, para lograr un movimiento. De tal manera que lo que se inhibe es una acción, la cual implica pensamientos, sentimientos, movimientos y la puesta en marcha de toda una fisiología para llevar a cabo esa acción.
En resumen, toda tensión tiene como función impedir un movimiento y la expresión de una emoción, aquello que no queremos hacer y que no podemos mostrar.
Determinadas tensiones conforman un tipo de carácter.
Los grupos de tensiones crónicas que determinan una conformación corporal, una actitud emocional y una forma de pensar típicas, estructuran una forma de carácter o coraza caracterológica.
Literalmente, nos hacemos una armadura muscular para actuar, para relacionarnos y para sostener una imagen ante los demás. Hay distintos tipos de carácter dependiendo de los músculos que tenemos tensos o flácidos, que expresan una determinada forma de ser, de pensar, de actuar y de sentir. Todo terapeuta corporal que trabaja con la bioenergética se basa en esta caracterología para diseñar los distintos ejercicios, que requieren las personas que quieren iniciar un proceso psicoterapéutico.

¿Cómo son los ejercicios bioenergeticos?
La bioenergética consiste en una serie de posiciones del cuerpo que someten a mayor tensión aquellos músculos tensos hasta que se vence la coraza caracterológica, es decir, entra en crisis el musculo con la actitud que se quiso sostener, se relaja, y comienza a vibrar. La vibración es un signo de salud en nuestro cuerpo, un cuerpo sano vibra. Desde luego al liberar de tensión a nuestro músculo, sucede aquello que impedíamos al tensarlo. Además de estas posiciones, se trabaja con presión controlada de los músculos, ejercicios respiratorios, ejercicios expresivos y masajes terapéuticos, estos últimos posibilitan el contacto con nuestro cuerpo, contactar nuestras sensaciones y sentimientos y ayuda a desbloquear las corazas corporales, que como ya se dijo, son el reflejo de una forma de vida. La presión continuada o un toque suave de un musculo tenso, puede producir también la descarga emocional. Los ejercicios respiratorios se hacen, con el fin de regular la respiración que se ha inhibido, para evitar expresar una emoción. Cada persona tiene diferentes tensiones de la caja torácica y del diafragma partes involucradas en la respiración que es necesario relajar, para respirar profundamente. Los ejercicios respiratorios por sí mismos, pueden provocar una descarga emocional, porque respirar moviliza casi todo nuestro cuerpo. Los ejercicios expresivos se hacen con el fin de ayudar a la persona a expresar sus sentimientos, a reconocerlos y a dejarse ir con ello; ahora bien, no sólo se busca el desahogo, sino el fomentar el contacto con nuestro cuerpo, con nuestras emociones y aprender a expresarlas en su contexto adecuado, sin daño a nosotros mismos ni a los demás.

 

Miomas uterinos. Yolanda Castillo Terapeuta holística

Miomas uterinos. Heridas emocionales de una mujer desvalorizada.

El Universo bendice a la mujer con el don de dar la vida a través de uno de los órganos más sagrados: el útero, que desde el plano espiritual y energético recibe el nombre de «vida». En el útero poseemos un importante centro de captación de energía femenina que contiene vida, es vida y genera vida, por eso su nombre no podría ser más adecuado. Es uno de los órganos más importante para la mujer en todos los planos y por ello, también es uno de los más delicados física, emocional, psicológica, energética y espiritualmente, porque en él se manifiestan todas nuestras actitudes equilibradas y desequilibradas como mujer. Con el término «mujer» me refiero al desdoblamiento de la palabra en todos los papeles como hembra mamífera: hija, madre, amante, esposa, etc.
Por ser un órgano tan delicado, la mayoría de las mujeres realizamos todos los cuidados médicos posibles para asegurarnos que todo funciona con normalidad, pero en muchos de los casos, en una de esas revisiones médicas aparecen problemas o señales de alarma que nuestro cuerpo nos está enviando, como los miomas uterinos. Surgiendo un abanico de sentimientos negativos como miedo, inseguridad, incertidumbre y preguntas sin respuestas; entre ellas ¿estaré teniendo todos los cuidados necesarios? ¿Qué he hecho mal para que me aparezca un mioma? La cuestión es que esas no son las preguntas adecuadas para comprender que ha sucedido en nuestro cuerpo para generar un mioma. En realidad, ¿las mujeres cuidamos adecuadamente del útero? ¿Tenemos noción de la importancia que el útero tiene en nuestra vida? ¿Por qué no todas las mujeres sufren este tipo de anomalías en su útero?
En muchos casos la mujer se olvida que el cuerpo humano está formado por energía que compone la materia que nos forma. Materia que tiene una alta composición de agua, que a su vez está relacionada con las emociones. Son estas emociones que nutren y alimentan las células de cada órgano de nuestro cuerpo de forma negativa o positiva. Por eso, el útero no solamente necesita cuidados médicos, sino también emocionales y energéticos, puesto que los sentimientos negativos dañan su energía, estructura celular y en última instancia degeneran la materia, provocando alteraciones en su masa: miomas.
Miomas-uterinos La energía del útero debe estar equilibrada, ya que contiene un centro de energía importante que se desequilibra con facilidad con nuestras actitudes, miedos, inseguridades y recelos. Este centro está conectado a la energía de la diosa que crea y sustenta vida en todos los planos, la energía de la feminidad y de la madre. Esta energía no solo se manifiesta en nuestras capacidades como mujeres mamíferas sino también de crear proyectos, sueños u objetivos de vida; en la capacidad de fertilizar una semilla que con amor, dedicación y empeño dará su fruto.
¿Qué sucede cuando esa semilla no tiene el alimento adecuado? En muchos de los casos surgen los miomas. El alimento perjudicial para el útero son sentimientos que desvalorizan la energía femenina de creación, maternidad y fertilidad. Clínicamente, sabemos que los miomas son formaciones nodulares que se desarrollan en la pared muscular del útero a partir de una única célula muscular que contiene en su código genético una tendencia para crecer que se transformará en un mioma o tumor benigno.
Dependiendo de su localización reciben diferentes nombres, pero en este caso no es su connotación científica lo que nos importa, ni sus diversos nombres sino ¿Qué provoca la aparición de los miomas? ¿Por qué esa célula inicial tiene tendencia a crecer? Médicamente, no saben exactamente cual es la razón por la que aparecen, solo hablan de edades, razas, cuestiones genéticas hereditarias, pero nada en concreto. En cambio, desde la medicina psicosomática y energética es muy simple comprenderlo.
El desarrollo desmesurado de esa primera célula muscular está provocado por un patrón de pensamiento negativo, prolongado durante un largo periodo de tiempo, en muchos casos, incluso hereditario. Pero atención, no es hereditario el mioma, sino el patrón de pensamiento que lleva a que este aparezca.
Existen dos sentimientos principales, que generan el cuadro de aparición de este tumor benigno: desvalorización como mujer y abuso, que se reflejan en todas sus facetas como mujer mamífera. Si la mujer ha vivido en un ambiente en el que su madre, abuela, hermanas, tías o incluso amigas cercanas no tienen una autoestima elevada, la mujer resuena con lo que ha convivido, se alimenta de ello, por eso, posee un porcentaje elevado de posibilidades de heredar un cuadro emocional negativo similar al de las mujeres de su entorno. En este caso un cuadro con dos trazos principales muy agudizados como lo son el sentimiento de desvalorización y abuso, ya que en muchos casos la mujer no tiene noción consciente de que los padece, pero son una pequeña semilla negativa que se ha enraizado en su útero y que alimentan poco a poco un mioma, que también podríamos decir que es un grito desesperado de su útero pidiéndole que cure su feminidad, su energía y capacidades mamíferas, así como el centro energético que genera vida, el propio útero.
Se estima que entre un 40 y 80% de las mujeres en edad reproductiva son portadoras de miomas, afectando sobre todo entre un 20 y un 40% de las mujeres mayores de 30 años. En cambio, son muy raros los casos de miomas antes de la pubertad y después de la menopausia (si existen miomas en esta nueva fase de la mujer, son aquellos que ya portaba, nunca aparecen nuevos). ¿Por qué si están originados por un patrón de pensamiento negativo surgen entre estas edades?
Durante la infancia e inicio de la adolescencia, las niñas alimentan un enorme deseo de crecer, ser mujeres adultas como sus madres para tener una vida libre y formar su propia familia. Por ello observan e imitan actitudes, intentando engañar al tiempo y crecer más rápido; en esta fase de sus vidas, en la mayoría de los casos no existe la presión o preocupación de agradar a alguien, de «estar a la altura», solo de crecer y convertirse en una mujer plena.
Pero el tiempo pasa y llega ese momento, en el cual se da un salto de conciencia y en muchos de los casos surgen las presiones e inseguridades, algunas en el núcleo íntimo o familiar, pero también social. Ya que existe un inconsciente social colectivo femenino en el cual está «estipulado» que la mujer entre los 20 y 35 años, debe casarse, formar familia y tomar las riendas del matriarcado, pero ¿qué sucede cuando las prioridades de la mujer o sus propios ciclos femeninos no acompañan el prototipo que el mundo ha establecido para ella?
Lentamente la mujer empieza a sentirse diferente, inferior y desvalorizada, porque el papel principal que la sociedad ha creado para ella como mujer «madre –ama de casa– matriarca de una familia» no están siendo cumplidos. Ahí inicia la semilla para un mioma, que no es más que la manifestación de un conjunto de sentimientos negativos que hieren su centro femenino, el centro que generará la vida de un bebé, preparando así un terreno para recibir un mioma que de forma inconsciente ocupa el mismo lugar que un bebé.
Este mioma es el refugio de todos sus sentimientos de desvalorización como mujer, es su nuevo hogar. Resentimiento, miedo, culpa, tristeza, abuso, etc., forman una masa de desvalorización que en su edad fértil se instala en su útero, porque la mujer se siente incapaz de generar o dar vida. En este caso no está relacionado únicamente con engendrar una nueva vida, sino con dar vida y crear aquello que siempre ha querido. De la mano de la desvalorización vienen la sumisión y el abuso, pues, ya que ella no consigue generar nada, deja que su pareja o personas de su ámbito familiar o laborar abusen psico-emocionalmente de ella, siendo la mujer sumisa a su propia desvalorización.
Toda mujer tiene instinto de creación durante la edad fértil, por eso, cuando la mujer entra en una fase menopáusica también cambia su ciclo energético, es momento de seguir recogiendo los frutos de todo aquello que ha sembrado a lo largo de su vida. El mioma es la semilla no el fruto, por eso, difícilmente aparecen en esta nueva etapa de sus vidas.
La mayoría de las mujeres no conocen su propio cuerpo, mucho menos un órgano tan delicado como el útero, que contiene toda su esencia. A través del centro energético del útero, la mujer co-crea, genera vida o destruye su propia vida con la desvalorización de sus capacidades y cualidades como mujer.
Además, es importante acrecentar que muchas mujeres no inician su vida sexual como desearían. Pierden la virginidad por el sentimiento de sumisión al miedo de perder a su pareja, a la que creen que aman incondicionalmente. Pero se olvidan que el amor es libre e incondicional, por lo tanto, no tendría que estar condicionado por miedo a ser rechazada o juzgada por seguir el ritmo marcado por su feminidad y ritmos biológicos, no por un cuadro de sentimientos negativos. Por ello, muchas veces las mujeres se aventuran a tener relaciones sexuales cuando no se sienten preparadas, creando un trauma y patrón energético de desvalorización y sumisión, que aumenta un terreno uterino fértil para generar un mioma.
En muchos casos los miomas son asintomáticos, sobre todo en aquellos casos en los que la mujer no quiere sentir, ni el placer ni las heridas emocionales que han provocado el mioma. En estos casos, suele aumentar su tamaño (al igual que sus sentimientos negativos), pero no las señales de que el mioma es residente en su útero. Pero en otros caso, los miomas provocan un cuadro de síntomas notables como: periodos menstruales dolorosos y prolongados, sangrados entre los periodos, necesidad de orinar con frecuencia, calambres pélvicos, sensación de presión en la parte baja del abdomen o dolor durante las relaciones sexuales, son algunos de los síntomas más frecuentes que surgen en las mujeres con los traumas más intensos y presentes en su día a día, mujeres muy sensibles y sensitivas, a las que su cuerpo le da señales del dolor que le provocan sus heridas emocionales y le indican que el mioma es sinónimo de necesidad de curar su feminidad.
Estas situaciones son muy comunes en la actualidad ya que la mujer todavía vive sobre una gran presión de la sociedad y del hombre, que en la mayoría de los casos espera que una mujer sea una «súper mujer» encargada de ser esposa, amante, madre, hija, ama de casa y muchas otras connotaciones dependiendo de la cultura y educación. De forma inconsciente, muchas de ellas, quedan estancadas en un patrón de desvalorización, sumisión y pérdida de su verdadera identidad femenina. Identidad que alimenta y equilibra el centro energético de su útero.
El útero y todas sus cualidades femeninas de creación, debe ser cuidado como un órgano de vital importancia para todas las hembras del planeta.

Una enfermedad es un aviso, una llamada de atención que muestra de una manera contundente, que hay algo que es importante resolver a nivel mental – emocional.

 

Abrazar a mi Sombra. Reyna Amaya

¡Si la separación no existe… tú tampoco eres un ser dividido, la unicidad es en ti! De regreso a la conciencia de tu esencia real, desde la consciencia, la responsabilidad y el amor.

Paso: El «ego» como un identificador, que te muestra dónde estás, para que tú elijas dónde quieres estar

Paso 2: Abrazar a la sombra, darte cuenta de que, en realidad, el ego no existe, es un pensamiento que está en tu mente y eres TÚ quien piensa a los pensamientos…

Paso 3: Una sola mente, la mente que manifiesta tu esencia divina,

 Cambiar el concepto Ser humano, a SERHUMANO; un Ser Espiritual viviendo una experiencia física en total felicidad, libertad, amor, bienestar, armonía y paz, desde la unicidad, la conciencia y la responsabilidad.

                   

La lucha interior, sólo conduce a más de lo mismo…. malestar continuado.

No puedo continuar luchando contra mi lado oscuro, mi ego o mi sombra – como se le quiera llamar – Me conviene aceptar que, desde la parte humana, parezco ser un Ser dividido. La realidad es otra, soy un Ser unificado viviendo una experiencia humana, soy un serhumano. “Abrazar a mi sombra”, quiere decir, dejar de juzgarme y condenarme por lo que pienso, siento o hago y, simplemente, desde ese “darme cuenta”, elegir de nuevo; significa dejar de pensar que yo “debería” ser siempre amorosa y amable, inteligente y acertada… Estoy aquí para recordar, a partir del aprendizaje, quien soy, por lo que todo es parte de mi proceso, a mi propio ritmo. Voy junto contigo que eres yo, en una misma dirección; aunque a veces no lo parezca. Entender no significa justificar, a partir de lo que descubro, desde mi responsabilidad, en conciencia y amor, me conviene elegir: ¿AHORA QUÉ?

Abrazar a mi sombra, es la capacidad de vivir en bienestar y armonía, en esta experiencia de vida; saber que no soy un cuerpo y, al mismo tiempo, respetarlo como el vehículo que me permite dirigirme al lugar en el que deseo estar, desde la conciencia, la responsabilidad y el amor.

Reflexión Crecimiento Interior

La Paz Interior sobrepasa cualquier entendimiento… (Jesús, Nuevo Testamento). La Paz Interior, al igual que el Amor, la Felicidad, la Libertad, son atributos naturales del Ser; son parte de un estado interior, que nada tiene que ver con lo que se tiene o no, nada tienen que ver con el «mundo exterior». Las distracciones «del mundo», ese mundo que fabrica la mente y traduce en pensamientos constantes, que opacan, cubren, ocultan, lo que siempre es y está… El trabajo de vida, por lo tanto, se convierte en desarrollar la habilidad de parar los pensamientos que pienso/piensas (aunque a veces pareciera que son…

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