La fragmentación de la mente mantiene a las personas incapaces de ver “la fotografía completa”. Nuestra finalidad consiste en unir las piezas del rompecabezas y presentarlas de manera simple y sencilla invitando a que cada persona decida qué pensar y hacer con la información.
Reyna Amaya
Si tuviera que precisar dos de los aspectos fundamentales, que conforman la esencia de la mujer, diría que son la fragilidad y la fortaleza; que quizás podrían parecer opuestos y en realidad no lo son, simplemente muestran, el equilibrio perfecto de la naturaleza manifestado en la mujer.
Fragilidad, porque su singular sensibilidad la hace vivir intensamente sus emociones, ser delicada en sus sentimientos, llena siempre de amor: como hija, como hermana, como madre, como esposa, como amante, como amiga, como profesional o profesionista; dispuesta siempre a entregarse sin reservas.
Fortaleza, que le da a la mujer esa capacidad de salir adelante, cualesquiera que sean las circunstancias en su vida y por difíciles que parezcan, la fortaleza en la mujer es lo que hace que ella sea como el bambú “que se dobla pero no se quiebra”.
Y bueno, quizás parezca que somos el sexo débil, porque somos muy vulnerables, y la fuerza física no es una de nuestras cualidades, sin embargo, nuestra cualidad principal es la fortaleza, que va más allá todavía.

Simplemente estas dos cualidades y calidades de la esencia femenina la hacen digna de admiración, que ella gana o pierde en cada caso; y nadie, ni ella misma, tiene el derecho de faltarle al respeto, a menos que ella lo permita o se lo permita a sí misma; ese es su poder y así como tiene el derecho de ser respetada y de respetarse, por encima de todas las cosas, tiene, como responsabilidad principal, la de buscar su armonía interna que la conducirá irremediablemente a la felicidad real, la que va más allá de un universo material y físico, para que, de esa manera, comparta su felicidad con quienes la rodean. Todo esto podría parecer egoísta, sin embargo, el trabajo, (estoy convencida), empieza en casa y la casa eres tú, tú eres el templo y ese templo conviene que esté lleno de respeto y de amor, para que puedas dar respeto y amor (recuerda que nadie puede dar lo que no tiene).
Si empezamos ahora, a hablar de la presencia de la mujer, es fundamental contemplar también, dos aspectos: su presencia como su “estar presente” como parte muy importante dentro de su vida personal, su familia y la sociedad, y su presencia física. Aquí empezamos o más bien seguimos, hablando del respeto a si misma que se manifiesta inclusive, tanto en los cuidados que da a su cuerpo por dentro y por fuera, como en el esmero que pone en su arreglo personal, que en ocasiones es una manifestación de su ser interior, de esa parte que es lo que verdaderamente ella es.
Quiero dejar muy claro con esto que, por supuesto, una mujer no es su cuerpo; su cuerpo es solamente el estuche que contiene esa esencia de la que continuamos hablando, por medio del cual ella se manifiesta en forma física y se comunica, tanto con ella misma, como el resto del universo (de su universo).
Por eso, el cuerpo tiene su propio lenguaje y nos avisa sin palabras de todo aquello que está pasando en nuestro interior; razón por la cual, la autoestima y la autoimagen están tan estrechamente ligadas. Las mujeres somos vanidosas por naturaleza (en un grado saludable, claro) y cuando una mujer pierde ese deseo natural de verse bonita y descuida su exterior, es porque su propia autoimagen se encuentra muy devaluada, y no por alguien más, sino por si misma. Quiere decir que se está faltando al respeto y entonces, su autoestima es muy baja, no se considera merecedora y se convierte en un círculo vicioso: se descuida porque su autoimagen es negativa y su autoestima muy baja y su autoimagen es negativa y su autoestima es muy baja porque se olvida de si misma y de su apariencia. No quiero decir con esto que el arreglarse resuelve todo en la vida, es simplemente un camino fácil, para empezar a respetarnos de afuera hacia adentro y recuperar el tan mencionado respeto a si misma, que parece ser el punto de partida para conocer y reconocer cuales son sus verdaderos requerimientos básicos y buscar, desde la autodependencia, como satisfacerlos.
Lo principal, es buscar el equilibrio entre la parte física, mental y espiritual; “poner los pies en la tierra para poder tener los ojos en el cielo”; y tener los pies bien puestos en la tierra significa cuidar tu salud física y mental, y eso permite “tener los ojos en el cielo” y lograr el equilibrio en esa parte espiritual (de acuerdo con lo que para ti sea lo espiritual). Poner atención en tu apariencia, para darle una morada digna a lo que realmente eres: a tu alma o espíritu, como le quieras llamar de acuerdo a tus creencias personales, a tus sentimientos, a tus emociones, tus pensamientos, tus valores, tus principios fundamentales. Recuerda que esa manifestación externa de lo que tú eres, es lo primero que ven los demás y que finalmente es lo más fácil de modificar, si existe el fondo, la forma es lo de menos, cuando no hay fondo, la forma se convierte en algo sin valor real y pasajero.
En este universo sorprendente, cada día, al abrir los ojos, te encuentras con un regalo maravilloso: 24 horas nuevecitas, recién creadas para que tú hagas con ellas lo que tú quieras, por lo que cada día trae consigo una nueva oportunidad, plena y radiante de manifestar tu esencia y presencia; así que… ¿valdrá la alegría aprovechar este regalo extraordinario? La decisión es solamente tuya. Como siempre, tú eliges.


Los seres humanos emitimos mensajes y señales, de acuerdo con el acomodo de nuestros objetos personales, incluso en nuestros cajones. La acumulación de objetos, es una forma de emitir señales; demasiados objetos emiten la señal de saturación de ideas, proyectos y planes totalmente confusos, muy poco estructurados y definidos.
Hay varios ejercicios que me ayudaron en este andar, uno y el que más aplico es la carta del perdón, escribir una carta a esa persona que sientes te hizo algún mal, la carta primero hará saber a la otra persona lo que siento, cómo me hizo sentir lo que hizo, al final después de haber vaciado la bolsa cuando no se me ocurren más detalles de mis emociones al respecto; acepto que yo decidí molestarme y guardar mi enojo mucho tiempo, que en este momento decido olvidar y superar el hecho sin preocuparme más por el ayer, lo dejamos atrás. Nunca he entregado una carta de estas, pero me ha hecho muy bien escribirlas.
Se ha demostrado que el agradecer tiene muchos beneficios para la salud. Las personas disminuyen sus niveles de estrés y mejoran la habilidad para manejar momentos difíciles donde antes hubieran reaccionado de una manera más negativa. Al reducir la producción de la hormona del estrés, cortisol, también aumenta el sistema inmunológico.
Si escuchamos simplemente una de las últimas canciones de Luís Miguel o vemos alguna película de Brad Pitt o de cualquiera de los galanes de moda que nos hacen suspirar; en el momento de escuchar la canción o de ver la película, nos convertimos en el objeto de ese amor ilimitado, soñamos que somos la protagonista, adoradas cual diosas maravillosas… ¡eso es una delicia! Pero cuando termina la canción o la película, la cruda realidad nos invade de nuevo y nos sentimos más solas cada vez. Nos sumergimos entonces en nuestras actividades cotidianas y quizás sea de ahí de donde sale toda esa fortaleza y resistencia de la mujer, quizás no sea más que una forma de acallar nuestro grito interior que pide amor, y entonces lo convertimos en energía productiva. Las feministas dirán que estoy como loca, afirmando que en la vida de una mujer lo más importante es el tan mencionado amor y quizás tengan algo de razón, a lo mejor me estoy proyectando y ni siquiera es cierto que el ser amadas sea algo tan importante para las mujeres, ¿ustedes que piensan?, en fin, el caso es que si fuese cierto que hacemos eso con nuestro dolor de no ser amadas, eso demuestra, una vez más, cuan inteligentes somos las féminas, al canalizar una emoción “negativa” y convertirla en una energía positiva.
Bueno, creo que el preámbulo ha sido demasiado largo, vayamos al grano. ¿Cuáles son esos descubrimientos de los que estoy hablando? Pues bien, básicamente son dos, por el momento y, al menos a mí, me han parecido muy interesantes. El primero, es la verdadera razón por la que la mujer se viste, se maquilla, en general se arregla: es porque en el fondo de nuestro corazón, todas las mujeres, y quiero recalcar TODAS, sin importar su nivel social, cultural, su profesión, su edad, tendencias políticas, nacionalidad ni creencias, TODAS, lo que anhelamos es vernos bonitas. Tampoco importa si la mujer es alta o bajita, bonita o fea, todas queremos vernos bonitas, lo admitamos o no, lo sepamos conscientemente o no. Por supuesto, sin que esto sea lo único que le importa ni lo más importante; también esto quiero recalcarlo.
Para hablar de mi segundo descubrimiento, como introducción quiero decir algo que seguramente no es nuevo para nadie: las mujeres, en nuestras ansias locas de amar y ser amadas, (porque para nosotras en la vida lo más importante es el amor) nos convencemos de que el hombre que está en nuestra vida ES EL HOMBRE DE NUESTRA VIDA, nos gusta lo que le gusta, nos apasiona lo que le apasiona, vemos a través de sus ojos, para acabar pronto, lo convertimos en un príncipe, más que en un príncipe, en un rey (al menos en nuestra imaginación), y perdemos nuestra propia identidad y de pronto ya ni siquiera sabemos quienes somos, hasta que la triste realidad, tarde o temprano (en algunos casos, más bien tarde que temprano, depende de que tan necia sea la mujer) nos muestra que el presunto príncipe es en realidad un sapo más corriente que común y nos quedamos, una vez más, vacías y en espera de una siguiente oportunidad para volver a perdernos en el laberinto sin salida del “verdadero amor” (todo esto, dicho por Caroline).

